Os Oigo

 

¿No creéis que sea posible?

Cuando nos despertamos, nos despertamos. El torpor se va, mientras que la vida ya está allí. Sí, lo sé, estoy empezando mezclando un poco las cosas, dadme un instante.

Antes, era solo un bisbiseo. Nunca había oído algo, ni siquiera sabía de tener una voz adentro, ni tampoco sabía lo que fuera una voz. Creo que el primer ruido fue lo de un camión. Temblé, era una sensación que había probado una infinidad de veces, pero ahora podía oír. Y no había una razón. Luego fue el turno del timbre de una bicicleta y luego llegó el resto. De repente me di cuenta: estaba aquí. Sí lo sé, para vosotros es fácil estar donde estáis. Para mi no lo es.

Me gustaría contaros mi historia, si la supiera: donde he nacido, quien me llevó aquí, desde cuantos años estoy en este mundo... aunque esto, contando, pueden descubrirlo muy pronto. La luna bajará (si la hubiera visto al menos una vez) y el labor será cumplido. Uno como los otros. Nos ensuciamos las manos y luego las limpiamos, ¿no es así?

Nada más simple.

“Para mi están haciendo una chorrada”.

“ ¿Que te imaginabas?”

“Razonan así, ya lo sabes”.

Tres voces. En el medio de la noche. Mis últimos tres compaños, han venido a visitarme desde quién sabe donde. Seguid hablando, os oigo.

“Estoy hasta las narices, tendríamos que hacer algo... yo tengo una cuerda en mí casa”.

“Para mí, el ramo se cae si te ahorcas”.

“ ¡Vamos!, hablo en serio, nos sujetamos, hacemos... que sé yo... una huelga de hambre”.

“ ¡Guay, muy guay de verdad! Pero podemos fumar?”.

“Bueno, sí. Pannella siempre fuma”.

“De verdad piensas que el hombre no come nada?”.

“De toda manera, bromas aparte, ¿tenéis un poco?”.

“Ha terminado”.

“La mía también”.

“No digas chorradas, que tu nunca te acostas sin encender un porro antes”.

“Entonces esta noche no voy a dormir”.

No era la primera vez que las cosas iban así, el chico con la voz nasal finalmente convencería a su amigo, fumarían y luego todos a la cama. Sin hacer aparecer cuerdas y sin sujetarse de ninguna parte.

“Pero yo hablo en serio, no tiene que ver con el árbol, es que tendrían que decirnos si las cosas cambian”.

“ ¿Qué?”

“Tendrían que decirnos... o sea preguntarnos: ‘ ¿Está bien para vosotros?’ y luego nosotros diríamos ‘Sí, no, bueno a lo mejor, esperad un instante’ o por lo menos una encuesta que me haga sentir más respetado en mis principios”.

“ ¿Pero que dices? No te sigo”.

“Toma este árbol. Quiero decir, es feo, torcido y lo que quieras. Pero no se hacen las cosas así, a la buena de Dios, no podemos soportar que las cosas están hechas a la buena siempre del mismo Dios”.

“Justo”.

El tiempo es una cosa que descubrí desde que me desperté, antes nunca había pensado en el, crecía porque era la única cosa que sabía hacer. Lozano. Es una palabra que aprendí de recién. Las palabras son raras, he tardado un poco en comprenderlas. Al principio eran solo ruidos.

“ Jodete, mira, prefiero que me corten un brazo, pero mi puto árbol se queda aquí”.

“ ¿Pero desde cuando es tuyo?”

“Ni siquiera tu hermana es mía”.

“ ¿Todavía con mi hermana? Si quieres follar con ella vete y se lo dices y para ya de tocarme los huevos. De toda manera, el árbol partence a la comunidad, ¿no? Entonces es mío tambíen”.

“ ¿Y por qué no lo llevas a tu casa?”

“ ¿Y tú por qué no te llavas a casa esto?”

Un golpe. Algo me vino encima.

“ ¡Coño, relájate!”.

“Vamos Piero, y no entiendo que te importa de este árbol. Llevan toda la vida cortando lo que quieren ¿y ahora te enfades justo por ésto?”.

“Hace otro tiro así estarás más tranquilo”.

“ ¿Pero que tendría que tirar, el papel?”.

Piero. Ya había oído aquel nombre.

Había tenido que estar algunas veces aquí abajo.

“Es que a vosotros no importa nada de nada, esto es lo que me cabrea, como coño podéis dejar que la vida pase así, ¿sin que nunca os preocupáis de nada?

¿Qué coño se puede hacer para que os mováis?”

“Hay algo que me importa”.

“ ¡Fumar!”.

Risas endiabladas y unos “jodete”.

Y nadie más se vio hasta la mañana.

Luego más voces.

“A ver si nos damos prisa, vaya”.

“No te preocupes, sé hacer mi trabajo”.

El ruido de la sierra mecánica, un violento rebuzno, parecía acercarse.

Luego el timbrazo de un móvil.

“Oh, ¿has llegado, todo bien? Te recomando, ¡Ten cuidado...!”.

“Dámela, vaya, lo corto yo”.

“Tu me lo harás caer sobre la cabeza este árbol, mi hija acaba de aterrar... dame un segundo... disculpa cariño”.

“Oh, dale saludos de mi parte... hola Sara, ¿por qué no lo has llevado contigo?”

Sara. Otro nombre que había oído ya.

Hace pocos días.

“ ¿Pero qué quiere decir que te vas?”

“Piero, ya te había dicho que... pero no es que no piense en ti”.

“ ¿Pero cuánto te quederás afuera?”.

“No lo sé”.

“ ¿Es así que acaba?”

“ Es solo un hasta luego”.

“Un largo hasta luego”.

“Vamos, ya es difícil así, volveré, además tengo que quitarme los aparatos...”

“Voy contigo, de verdad esta vez”.

Siguieron otras palabras, una hoja se cayó y me acordé del peso de sus cuerpos sobre mi tronco, un abandono momentáneo, una última concesión antes de la libertad. Su último beso, mientras que la sierra mecánica empezé a hundir sus dientes descuajando la corteza y más allá, sin vacilar.

Y así, círculo a círculo, aquel rebuzno metálico se hizo siempre más lejos, siempre más inocuo, hasta desaparecer completamente.

Hasta que volví a no oír nada más.

Back to Vi Sento