Veintidós

Siempre ocurría a la misma hora, precisión suiza, ocho en punto, ni un minuto más ni uno menos. Leila tenía tareas precisas, apartaba las cortinas y abría para que pasase un poquito de aire. Desde 22 años.

Lo llamaban Olaf el escritor mudo. Porqué era polaco y nunca aprendió una palabra de portugués. Básicamente no salía de su piso. Leila hacía la compra y se ocupaba de todo. Cada viernes un correo se le traía unos libros. No necesitaba nada más. Nadie conocía su historia, nadie sabía porqué era así introvertido, porqué siempre se quedaba en casa, hasta tal punto que incluso no conocía la lengua del lugar dónde vivía.

Cada maldita mañana se acurrucaba, como un pájaro, al antepecho de su ventana que da a la Igreja Matriz y se quedaba allí, mirándola; de vez en cuando escribía dos palabras en una hoja qué a menudo estrujaba y tiraba al suelo.

Nadie, pero nadie, fue a verlo. Ni un pariente, ni un amigo. Tampoco los vendedores ambulantes se atrevían a llamar a su puerta. Qué se siente al no hablar con nadie durante veintidós años? 

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Me llamo Olaf Mann, tengo sesenta y siete años y mi profesión consiste en escribir ensayos sobre la belleza. Durante toda mi vida nunca hice algo diferente.

Llegué en Santiago do Cacém en 1948, estaba de viaje de novios. Ella nunca entendió mi decisión. Al principio fue ella la que alejó todos de mi, después me acostumbré y la ayudé. No quería hablar con nadie, quería preservar el silencio del cemitério de Santo André, qué acompaña mis libros y mis notas.

Todo era perfecto. No hablo con nadie desde hace veintidós largos años y en definitiva estoy muy bien. Tengo correspondencia epistolar con mi editor y con distintos intelectuales. Nadie conoce mi verdadera condición y nadie lo entendería, como tampoco hizo ella, como tampoco entiendes tú. Se está bien al no hablar con nadie durante veintidós larguísimos años.

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Conozco Olaf desde el instituto. Estudiante brillante, amigo confiable, persona única. Fue mi mejor amigo durante todos los años de universidad, y yo fui su padrino de boda. Ya a los treinta y dos dictaba cátedra en la Universidad Jagellonica de Cracovia. Básicamente tenía todos en su bolsillo. Cuando me escribió su ultima carta me quedé estupefacto. Frases como “no me busques” o “nunca volveremos a vernos” e incluso “no contacte más conmigo, ya no existo” me romperon el corazón. Al principio me creía que tenía algo que ver con Sofia y el hecho de que la acogé, pero quando al final encontré el valor de hablar con ella, entendí. Desde aquel día no tengo noticias de él, ninguna.

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Lo amaba, lo amé desde el primer segundo y sigo amándolo. No se porqué hicimos ese estúpido viaje de novios, inutil y falsa luna de miel, me arruinó la vida! Pasé los primeros meses en hacerle la vida un inferno, los siguientes veintidós años en escribirle cartas. Ahora se le envio siempre la misma, copiada una y otra vez, cada mes. Empieza con “Te Odio” y acaba con “Hasta nunca”. Qué se siente al no hablar con nadie durante veintidós larguísimos años?

Se siente el vacío, una hermosísima y túrbida sensación de vacío total.

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