Apocalipsis

 

Cuando llegaron desde el mar, disparando fuegos por las manos, mi tribu pensaba que fueran extraterrestres, aunque esta palabra no existía. Nosotros pensábamos que fueran criaturas distintas de nosotros, criaturas mágicas. La voz de la llegada de las criaturas, que habían venido para conquistarnos y para destruir nuestras casas, se esparció por todas las tribu. No teníamos un verdadero sistema de comunicación entre una zona y la otra, pero parecía que el Apocalipsis estaba llegando, todo había cambiado.

Cada día, familias enteras llegaban pidiendo alojamiento y protección. Sus caras estaban consumadas por los muchos días de viaje y seguían hablando de estos hombres con la piel pálida, nosostros los imaginábamos grisáceo, por lo menos así era como los dibujában.  Paseaban cubiertos de telas, desde las cuales podían crear vaharadas de fuego para matar a nuestros hermanos. Hablaban un idioma raro, y cada uno lo imitaba a su propia manera, porqué incluso los conquistadores hablaban idiomas diferentes. Algunos parecían no tener tampoco un alma, los del idioma sibilante, como serpientes. Sobre sus grandes caballos, mientras que echaban haces incandescentes hacia cualquiera dirección. Llevaban con ellos otras criaturas, también semejantes a nosotros, pero con la piel oscura. Eran esclavos, aunque no existía esta palabra entre mi gente. Construían las casas una sobre la otra, eran robustas y firmes, como si nunca iban a desplazarse.

Al campamento llegó un chico, corriendo, como si por días no había parado nunca.

Jadeaba, tenía heridas en todas partes, no podía respirar y las abraciones causadas por el sol perdían sangre de manera constante. Solo consiguió decir “ ¡Llegan! ” y se desmayó entre los brazos de dos hermanos que lo llevaron a la tienda del chamán para descansar. Había que decidir, si huir o quedarse, defendiendo nuestra tierra.  Entonces mi abuelo era el Jefe Tribu y hubo, como tradición, una pequeña reunión, durante la cual cualquiera podía tomar la palabra, pero había que ganarse el derecho de que fuera respetada. Muchos de ellos querían dejar la guerra, todo el mundo lo sabía. Especialmente los que ya habían perdido sus tribu y habían llegado buscando un refugio. No podrían enfrentar otra derrota. Otro masacre delante de sus ojos.

Así que propusieron que cada uno eligiera para sí mismo, quien quería quedarse y combatir para nuestra tierra lo haría, todos los que no quisieron enfrentar el enemigo, podían en cambio enfrentar el desierto, a la busqueda de amigos y de un refugio, alguien decía que en el Oeste, hacia las montañas, habían lugares seguros, por el momento. El chamán guiaría este grupo. Tanto mi Madre como mi Padre, junto con mi hermano mayor, eligieron quedarse para defender  nuestra tierra. Yo era demasiado pequeño  y no podía elegir, así que me fui con el chamán hacia Oeste. Me salvé.

Hoy vivo en la reserva Hopi, con mis hermanos que supervivieron al Apocalipsis. Hoy sé que no era un Apocalipsis, que no eran criaturas distintas de nosotros que escupían fuego de los vestidos. Hoy tengo una mujer y dos hijos hermosísimos. No jugamos a los Cow Boys y antes de ver una película de Western, les tuve que explicar que aquella es nuestra historia, contada por los hombres que mataron al abuelo, a la abuela y al tío. Hoy, soy feliz, porqué tengo el amor de mis queridos, una vida tranquila y una tierra que defendería con mi misma vida. Hoy he aprendido a perdonar y que la paz es más importante que cualquiera otra cosa. Pero enseño a mis hijos a recordar. Recordar que la tierra es nuestra y tenemos que defenderla siempre, somos los supervivientes del Apocalipsis.