La Celda

Inspiro, espiro. Miro el techo y cuento las grietas, para no pensar. Me levanto: inspiro, espiro y me aburra ya respirar. Aún no pienso, pero me doy cuenta de que estoy pensando, estoy pensando en pensar.
Es trágico ser yo.
Entiendo que lo sería para todos, hice de mi cuerpo una celda podrida y de color marrón claro descolorido.
Me levanto: inspiro, espiro. Estoy concentrada: hago lo poco que me sirve para ser ella, la que todos quieren que yo sea. Ducha rápida, desayuno saludable y nutritivo, traje sastre elegante y profesional, maquillaje simple y cuidado: tendré que mentir todo el día, hoy también.
Me pongo mi máscara, salgo, saludo al portero y subo al coche negro que me espera frente de mi casa.Ya sé que, tan pronto como salga de ese coche, dejo de ser yo misma. Tendré que interpretar mi papel, aun cuando mi madre me llame; se le diré lo bien que estoy y se le contaré una anécdota, que tal vez haya ocurrido realmente, pero yo la percibiré inevitablemente lejana de mí, inutil, superflua. Seguiré con mi guión.
Sólo cuando vuelvo a casa, por la noche, lloro.
Así conocí a Leo, era mi psicólogo, folla como un Dios.
Era como los rayos de luz que atraviesan los barrotes, de los cuales puedes apreciar la calidez si, inmóvil, te fijas en la piel más sensible de tu rostro.
Tenía que saber, que él habría llegado al meollo, que él habría excavado hasta encontrarme.
No solo me salvó profesional y emocionalmente, también cambió radicalmente mi vida.

Nos enamoramos, y todo era espontáneo y fántastico, cambió incluso el hablar por teléfono con mi Madre, era como si me habían encontrada.
Hasta cuando yo encontré él, acostado con Sarah. Estaba allí, sobre ella, que jadeaba, sudoroso y viril, mientras que ella gritaba, con su vocecita chillona, bruja.

Inspiro, espiro. Miro el techo y cuento las grietas, para no pensar. Me alzo: inspiro, espiro y me aburra ya respirar. Aún no pienso, pero me doy cuenta de que estoy pensando, estoy pensando en pensar.
Es trágico ser yo.
Entiendo que lo sería para todos, hice de mi cuerpo una celda podrida y de color marrón claro descolorido.

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