Indicaciones para la Utilización

Miradlo, tiembla otra vez.
No, no el hombre arrodillado.

Nunca entendí lo que más teméis. Oí hablar de la muerte desde el principio. ¿Qué es? ¿De qué teneis miedo? Si es verdad lo que muchos dicen y que tenemos alma, si eso es cierto entonces la muerte es simplemente transición, mutación, transformación.
No lo encontráis maravilloso?
Cambiar. Ser capaces de cambiar forma, transformarse. Parece tan excitante. Estáis sujetados a la vida de manera tan solapada que seguís haciendo nada más que sembrar muerte. ¿No lo encontráis ridículo? Y siempre hay ese sentimiento que puedo leer en vuestros ojos. Ese miedo que parece tocarme. Parece. No hace falta decidir, nunca seré yo. La que es eterna, la que nunca cambia; la que no tiene miedo al pasar del tiempo, la que no tiene alma. La que nunca tiene el control de si misma. Soy esclava, objeto de vuestros excesos de animosidad. Decís que os mueve la ira, arrastrados por el furor os agarráis a mi con todas vuestras fuerzas.
Hay gente que me utilizó pensando en que actuaba por amor, en cambio solo actuaba por celos, hay gente sin albedrío que se refugiaba, con los ojos apagados, bajo una bandera manchada de sangre, hay gente que sigue creyendo en la moral más lasciva de vuestro siglo y mata por dinero.

Durante estos años os he observado y he aprendido mucho. Y no que creo que os dirigís a mi con...
esperad, no me acuerdo esa palabra, es que no la utilizáis muy a menudo.
Ah! Aquí la tengo.
Raciocinio, razón.
No hay raciocinio en vuestra llamadas. En superficie, aparece siempre insania, ira ciega. Pero, en lo más profundo, percebí siempre el terror que experimentáis. Un instante antes de disparar todo vuestro miedo os atravesa y llega hasta mi hierro glacial. Es ese mismo miedo que apreta el gatillo. Es miedo, escalofrío. Los ojos que siempre me sobrecogen son aquellos más allá de la culata. Son afilados, brillantes y traspasan la mira y recorren todo mi cuerpo mecánico. No soís vosotros los que disparáis, sino vuestro miedo. Me pregunto quién sea más esclavo entre nostros, objetos sin voluntad, y vosotros, servidores de los sentimientos.
Me obligaron a hacer cosas de las que podría hasta arrepentirme, si solo pudiera. No es que yo experimente algo, ya os lo dije. Yo no tengo alma, no tengo miedo.
Matar os sale natural, desde siempre. Yo soy simplemente la evolución de la clava. No entiendo porque algunos me temen más que cualquier otro instrumento.
Entonces, ¿Qué es lo que ha cambiado? Solo os habeis perfeccionado. Gracias a mí sois capaces de matar desde lejos sin oir respirar a la víctima, no veis las líneas de la cara que se contraen, el sudor que perla la frente, no os mancháis de sangre y sobre todo los ojos: no ojeáis su mirada. Fingís que no existen. Un animal tiene más valor que vosotros. Vosotros solo tenéis miedo.

Estas palabras, que no tocan vuestras orejas, ni siquiera han aplacado el sonido de este disparo.